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Rompiendo estereotipos

Publicado el 29-03-2019

Dos unidades juramentadas femeninas del Servicio Nacional Aeronaval se convirtieron en las primeras mujeres que culminaron satisfactoriamente el Curso 40 de Operaciones Motorizadas Lince.

Ambas aeronavales, ampliaron sus conocimientos y destrezas durante el entrenamiento, logrando posesionarse como mujeres capaces de romper estereotipos y mostrar que cuando se quiere afianzar dentro del entorno laboral, las barreras se convierten en retos que fortalecen el crecimiento profesional de las mujeres, por lo general cuando el ambiente laboral comúnmente es dominado por las unidades masculinas.

El curso se llevó a cabo en la sede de los "Linces" o Unidad Policial Motorizada, ubicada en la entrada de la Barriada San Antonio, en el distrito de San Miguelito.

La mujer aeronaval, sigue abriendo un compás de oportunidades, sin descuidar los diferentes roles que la vida le demanda como madre, esposa, profesional, hija, amiga y compañera.

Son mujeres que refuerzan la seguridad, conscientes del sacrificio y del peligro que muchas enfrentan durante su jornada.

Ellas no vacilaron en decir si a la equidad y a los desafíos; sus mentes y sus cuerpos miran hacia el futuro del país al que juraron servir, a la institución para la cual trabajan, a Dios y a sus familias.

El curso tuvo una duración de tres meses y medio con maniobras, operaciones reales de un alto y exigente nivel de preparación.

Hoy las Agentes Cuevas y Fuentes  forman parte de los conocidos motorizados "linces", esta vez dentro de la Unidad Táctica de Apoyo Motorizado de la Aeronaval, ellas también están preparadas para la realización de operaciones conjuntas con otros estamentos, además de brindar protección, rápida acción y respuesta en el trabajo diario que asumieron cumplir.

Ingresaron a la institución en el año 2017, desde ese momento ambas unidades se han comprometido con la labor encomendada, su indumentaria, los entrenamientos, sus capacidades, el manejo de armas y demás habilidades forman parte de su vida; las rodilleras y el casco conocen la rutina de cada una de ellas y son el mejor complemento a la hora de ir al terreno.

"En mi niñez fui siempre una persona llena de ilusiones y con muchos deseos de superación, mi madre se esforzó y no le defraude logré una carrera que hoy me permite valorar su esfuerzo y entregar de mi lo mejor a la sociedad".

"Sabemos que salimos a la calle a cumplir una labor delicada, siempre con la esperanza de regresar bien, lo demás son gajes del oficio con el que tenemos que avanzar día tras día".

Estoy orgullosa de pertenecer a la Aeronaval, recalcó la agente Cuevas.

Cuevas nació en la campiña interiorana, sin los pies calzados acudía a la escuela y caminaba desde el rancho de pencas donde vivía, por largas horas hasta llegar al pequeño centro educativo.

En ese apartado pueblo Cuevas aprendió a mirar hacia adelante, sin un padre a su lado, fue criada con principios de respeto y valores. Desde niña soñó con ser uniformada, los escasos recursos daban evidencia que era un sueño que parecía imposible, pero la tenacidad de convertirse en una mujer de bien y útil a la sociedad vencieron los miedos.

Hoy Cuevas y Fuentes portan su arma de reglamento y adicionalmente un fusil para reaccionar inmediatamente ante lo inesperado, la seguridad prevalece: están formadas para combatir el delito.

"Cuando estamos frente a una misión y nos toca realizar nuestra labor en las calles hay quienes no imaginan que detrás de este uniforme y de nuestro rostro cubierto por un pasamontañas y un casco, "está una mujer Aeronaval", es allí cuando entendemos que hemos logrado romper estereotipos, ya que los hombres aún se sorprenden y hasta les cuesta aceptar que sea una femenina la que de la voz de alto o verifique sus documentos en el desarrollo de un operativo.

La moto de Cuevas y de Fuentes pesa aproximadamente 300 libras y entre armamento, equipo y la unidad de apoyo motorizada, (aquel que va detrás escoltando sus espaldas), se adicionan unas 200 libras, es en este escenario donde ambas deben hacer gala de la pericia en este vehículo de dos ruedas.

Sus condiciones físicas y el entrenamiento continuo hacen rugir los motores: "Ya no me transporto en un caballo, como en ocasiones tenía que hacerlo en mi pueblo, ahora Dios me ha concedido el privilegio de transportarme en una motocicleta para asistir a mi labor y cumplir con mi deber para atender la seguridad de los ciudadanos".

Ambas agentes abrigan estudiar y prepararse a nivel internacional para reforzar sus conocimientos y habilidades.

Dios, Patria y Honor.